
Los estudiantes plantean acabar con las desigualdades que perciben en comparación con otros puntos de la ciudad, desde más vegetación, más limpieza, más seguridad y menos tráfico.
Así ven su barrio y así quieren que sea. Es uno de los lemas que ha guiado a más de 280 alumnos de la Zona Norte de Alicante para diseñar cómo sería su lugar de residencia ideal. Y sencillamente, lo que piden es acabar con las desigualdades que perciben en comparación con otros puntos de la ciudad.
La iniciativa se desarrolla de la mano de Arquitectura Sin Fronteras en los colegios Monte Benacantil, el Santísima Faz y el IES Las Lomas, con la implicación a estudiantes de entre 6 y 17 años que residen en Juan XIII, Virgen del Remedio y Colonia Requena. El objetivo ha sido devolver la voz a la infancia, la adolescencia y al vecindario para que analicen su entorno, detecten necesidades y planteen propuestas concretas de mejora.
'El derecho al hábitat no se limita a tener una vivienda, sino que abarca elementos físicos, sociales, culturales y simbólicos que hacen que un territorio sea digno para quienes lo habitan: poder jugar en un parque limpio, acceder a una biblioteca abierta o sentirse seguro al caminar por la calle', explica el coordinador del proyecto, Luis Monge.
En este sentido, el alumnado ha trabajado sobre preguntas muy concretas como ¿Está limpio mi barrio? ¿Puedo moverme de forma sostenible? ¿Me siento seguro por la noche? ¿Tengo acceso a espacios culturales? Y así, sobre un mapa pedagógico diseñado por la ONG, fueron señalando barreras, carencias y también fortalezas.
No solo identificaron problemas, como la existencia de farolas rotas, suciedad, falta de accesibilidad o la biblioteca cerrada, sino que asociaron emociones a cada punto del recorrido. Las más repetidas fueron injusticia y tristeza, al comparar su entorno con otras zonas de la ciudad. 'No pedimos privilegios, pedimos derechos básicos que vemos en otros barrios', han resumido algunos alumnos.
Sin embargo, junto a esas emociones, los docentes e integrantes de Arquitectura Sin Fronteras también han detectado el orgullo y el fuerte sentimiento de pertenencia de los alumnos hacia sus barrios y su gente.